• El Harto Arte

Una pintora sin límites: Ileana Corpi

POR LIDIA BERENICE ZAVALA. Todas las obras tienen una historia detrás, hasta la primera exposición de la artista; ahora catedrática en la EAP, ella recuerda para El Harto Arte fascinantes anécdotas y nos deja claro que no hay límites ni plenitud para ser artista


Ileana Corpi no tiene pinturas menos favoritas, incluso de sus primeras piezas ha tenido grandes aprendizajes. La artista plástica, catedrática en la Escuela de Artes Plásticas “Profesor Rubén Herrera”, tiene claro lo que es ser artista y lo que quiere lograr en el espectador, al que llama retóricamente su “potencial víctima”.


Inspirada muchas veces en los gatos, una fascinación que vemos en su obra, la artista radicada en Saltillo habla con El Harto Arte de su primera exposición y los retos que le implicó: como cuando realizó un trueque para costearse los marcos de su primera exposición donde se reconoció su trabajo; y de cómo su primera obra, Las peras de mis inicios, se convirtió en su mejor maestra.

¿A qué edad tuvo su primera exposición individual? ¿Cómo fue esta experiencia?

A los 20 años, en 1996, se llamó “Realeza Mexicana”, en la Biblioteca Pública del Estado de Coahuila. Fueron anfitriones el Gobierno del Estado de Coahuila y la Secretaría de Educación Pública. El tema era básicamente costumbrismo mexicano y las técnicas pastel, óleo y acrílico. Cursaba el primer semestre de Profesor en Artes Plásticas y mi maestra de Figura Humana al ver mi trabajo me retó a crear 40 obras para exposición.


En ese tiempo todo debía ser enmarcado y eso elevaba mucho los costos, pero yo acepté sin pensar en nada más. Mis primeros marcos los pagué con una pintura, ya que a la carpintería a dónde llevé a enmarcar las obras para la exposición, les gustaron mucho y me pidieron una obra a cambio de los marcos. Mi experiencia fue muy gratificante. Actualmente, sigo en contacto en amistad y admiración con quien me dio mi primera oportunidad: la Maestra Rosa Inés de Valle y de vez en cuando me encuentro con la directora de bibliotecas de ese tiempo, la saludo con cariño y gratitud.

¿Cómo considera usted que su arte aporta algo la sociedad?

En forma de diálogo interno; procesos de reflexión. Mis propuestas son variadas; no tengo una intencionalidad de concientización, mi proceso artístico tiene como único compromiso mis propios pensamientos y emociones; si en el camino se me solicita algo en función a una problemática social, sigo la misma línea; busco significados personales, semióticas, analogías, que primero me hagan sentido a mí. Mi intención es velada, no impuesta y si surge el contagio con el observador, pues maravilloso. Y si no, pues no. Habrá quien entienda ciertos temas y habrá quienes no. Si el observador lo siente, se muestra curioso ante el hecho y quizá lo lleve a un proceso reflexivo, el ejercicio del arte para con la sociedad está cumplido. Si lo recuerda e incluso no le gusta… pues también.

“[...] mi proceso artístico tiene como único compromiso mis propios pensamientos y emociones.

¿Cuál es y ha sido su inspiración?

La filosofía, la sabiduría, la ironía, esa fascinante posibilidad de crear un doble pensamiento, lograr que un pedazo e papel o de tela tenga control sobre una mente.

¿Qué retos ha enfrentado ante la crítica?

Que no hay.

¿Cómo cree usted que atrae a los espectadores?

Por medio de la semiótica, hay elementos que nuestro subconsciente registra, como la línea el color y la composición; son legibles para todo. Es incluyente en edad, nivel socio económico, etcétera. Para mí, cada persona es una víctima potencial de mi obra; mi mayor placer es ver a la gente dialogando con ese color o con esas líneas, sabiendo que hay algo más detrás, ya sea un niño, el vendedor de las pepitas o una dama de sociedad o política.

Para mí, cada persona es una víctima potencial de mi obra; mi mayor placer es ver a la gente dialogando con ese color o con esas líneas.

¿Cuál es la obra en la que ha tenido más dificultad para su realización?

Las que aún no elaboro, las que ya surgieron, ya se parieron; llevo realizando en mi mente una obra de nombre La madre que yo arme. Esta pieza me ha acompañado por más de 15 años en mi mente, y mi proceso de vida la ha ido modificando; aún no la he comenzado y tampoco le veo fin.

¿Cuál de todas sus obras es su favorita?

Yo no pinto por pintar; cada obra que realizo es el resultado de algo. Mencionar una favorita es complicado para mí, pero amo las anécdotas alrededor de muchas de ellas. Comentaré el caso de una. Durante mi tercer exposición individual “Discurso Felino” presentado en 2007 como uno de los eventos del 50 aniversario de la UAdeC. Me encontraba muy presionada terminado las últimas obras; una vez más, eran 40 piezas y me faltaba terminar una.


Sabía lo que quería, quería finalizar con un autorretrato parte felino parte humano; ya tenía todos mis recursos gráficos, fotografías, apuntes boceto. Intentaba hacer a la niña Ileana en un acecho felino; la idea era buena, pero tenía el tiempo encima, quería trabajarlo en transparencias y el temple es la mejor técnica para eso. No obstante, el temple tarda mucho en secar: era imposible. Seguía pasando el tiempo y me solicitaron los nombres de las obras para elaborar las fichas técnicas y yo incluí Autorretrato como la última obra de la exposición… No había manera de excluirla.


Tensa y preocupada ya ni pensaba; veía ese pedazo blanco y me tensionaba. De repente, mi mente, burlona y simplista, tomó mi mano y trazó un pequeño gato sentado en una silla que a su vez trazaba en un pequeño lienzo a otro gato más simple, más gráfico, más universal, más irónico, más sabio, más yo.

¿Cuál considera que es su peor obra?

Ninguna. Las peras de mis inicios la pinté cerca de 1993. En ese tiempo estudiaba Diseño Gráfico, y una tía mía me mandó un paquete de material de pintura que ella ya no usaría; incluía pasteles, acuarelas, óleos, papeles, etcétera. Yo era un felino curioso, como los que ven en una corcholata su mayor tesoro. Saqué los papeles y comencé a trazar con lápiz; tomé los pasteles y tallé hasta casi romper el papel. Estaba extasiada con ese encuentro. Y así surgieron seis peras en composición piramidal, ¡trazadas con lápiz, iluminadas con pastel en un papel para acuarela!


¡Vaya vaya! Error tras error tras error. En la medida que fui aprendiendo sobre técnicas, soporte, composición, etcétera. Me avergoncé de ese primer encuentro y juzgué mi obra técnicamente; pero hoy, muchos años después, son Las peras de mis inicios mis grandes maestras de la libertad del arte. Las amo, porque esta emoción es la materia prima del ser. Del “ser” artista.

¿Alguna vez pensó en abandonar el arte?

Siempre, pero no me deja.

En el arte no hay plenitud. Quien la alcance ya murió, aunque viva.

¿Qué sacrificios tuvo que realizar para llegar a donde está?

No hay sacrificios, solo toma de decisiones. La vida nos ofrece opciones y nosotros tomamos la que en ese momento consideramos la mejor. Si analizo, quizá el no aceptar una beca a Grecia, y decidir casarme; o no aceptar un trabajo en una galería de Guanajuato. Pero creo que de haber tomado esos caminos no tendría una familia o no sé. La vida es así. Te ofrece una gama de colores; yo no tengo favoritos, cada uno me ofrece diferentes posibilidades.

¿ Se considera un artista plena o considera que algo le falta por aprender?

En el arte no hay plenitud. Quien la alcance ya murió, aunque viva.

Ileana Corpi
-Originaria de Ciudad de México, radica en Saltillo.
-Es egresada de la Escuela de Artes Plásticas “Profesor Rubén Herrera”, donde actualmente es catedrática de Teoría de la Plástica.
-Tiene una maestría en Promoción y Desarrollo Cultural.
-Ha exhibido su trabajo en distintos espacios culturales no sólo de Coahuila, también a lo largo de la República y recientemente en Cuba.
-Su labor tiene grandes alcances en la promoción cultural dentro de la Universidad Autónoma de Coahuila en sus aportaciones en el nivel académico.
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