• El Harto Arte

Guerra del tiempo. Un asedio filosófico a Dark

POR ALEJANDRO PÉREZ CERVANTES. La exitosa serie de Netflix mezcla ideas filosóficas, literarias e incluso mitológicas; hace que cuestionemos el presente y el futuro, como si fueran la serpiente que se devora a sí misma.


[Colaboración especial]

Dark es una lograda mixtura de diversos conceptos filosóficos, literarios y míticos.



Al inicio de su libro homónimo, donde pretendió explorar nuevas posibilidades temporales para su narrativa, Alejo Carpentier citó a Lope de Vega con una interrogación: “¿Qué capitán es éste? ¿Qué soldado de la guerra del tiempo?” Conjetura que de forma natural pudiera estructurar también la diégesis total de la aclamada serie televisiva alemana.


Porque diverso o reiterativo, a través de cualquier época o propósito, ese soldado es el hombre.

El síndrome de Esquilo

Desde 2017, y sustentada en un complejo entramado dramático, la producción de Netflix se volvió una sensación global.


Sin embargo, la complejización de sus líneas temporales; sus potentes diálogos, pero sobre todo las ideas que subyacen y animan las motivaciones, pugnas y búsquedas de sus personajes, más allá de sus obvias referencias pop (H. G. Wells, Chernobyl, Back to the future, Donnie Darko) están sutilmente sustentadas en antiguos mitos y referencias filosóficas que intentaré desentrañar a continuación.


Una de sus ideas más reincidentes es la concepción determinista de la historia y del tiempo: hagan lo que hagan sus personajes por cambiar, transformar o desviar la fatalidad de sus destinos, éste habrá de cumplirse inexorablemente. Y aún más: justo los actos que ellos realicen en su albedrío para dominar el flujo de la entropía, serán estas acciones las que articulen el destino que desean evitar; paradoja ya presente en el irónico destino del dramaturgo griego Esquilo: la leyenda sobre su muerte nos recuerda que un oráculo le habría advertido sobre la amenaza de un accidente fatal, al ser arrojado sobre cabeza el peso de una morada. Asustado, el precursor de Sófocles, se retiró al monte buscando sortear su destino, donde un águila confundió desde el cielo su calva con una roca, contra la que dejó caer una tortuga: la morada que el predador buscaba romper para devorarla; así, el padre de la tragedia griega cumplió su destino al intentar evitarlo, de la misma forma que los infructuosos esfuerzos de los personajes en las sagas de Mikkel Nielsen o Jonas Kahnwald.

Hambre de Saturno

Porque el tiempo es un devorador insaciable y su encarnación final es Dios. “La pregunta no es cómo, sino cuándo”, repite Mikkel Nielsen. La trama, el símbolo y la figura del mítico uroboros, aquella serpiente que se devora a sí misma, se hacen presentes en la idea de un tiempo no secuencial, sino circular y eternamente parecido a sí mismo. Dark es un entramado de signos y alusiones: la triqueta celta que alude a sus tres temporalidades, la cueva como espacio de tránsito, revelación y conocimiento, el bosque como encuentro —“caminos de bosque”, diría Heidegger— y hasta el mito de Ariadna y el Minotauro. El tiempo como concepción mental, flexible y por lo tanto susceptible de ser transformada, como advierte el sabio relojero Tanhausser: “No sólo el pasado influye en el futuro, sino que también el futuro influye a su vez en el pasado”, reiterando una idea que ya Walter Benjamin había deslizado en sus famosas Tesis sobre el Concepto de Historia; refutando la imagen lineal y determinista del tiempo. Interpretación cuasi staliniana que George Orwell retomará para divisa del Gran Hermano en su 1984: “Quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará el futuro”.

Genealogías, sentidos equívocos del tiempo, tesis filosóficas y literarias son el centro articulador de esta trama.


Y no son solamente las citas míticas o postulados filosóficos los que atraviesan, articulan y justifican la trama de esta teleserie, sino que su urdimbre se sirve de innumerables fuentes literarias: desde la trinidad de personajes —el hijo sin nombre de Martha y Jonas— que atraviesa los caudales del tiempo para “ajustar” y apuntalar su devenir mientras recita extractos de Spinoza o Shakespeare. Discurre uno de los explicativos monólogos de Adan-Jonas: “La mayoría de las personas no son más que piezas de un tablero de ajedrez, movidas por una mano desconocida”, evidente homenaje borgeano al famoso texto “Ajedrez”: “Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada / reina, torre directa y peón ladino / sobre lo negro y blanco del camino / buscan y libra su batalla armada. // No saben que la mano señalada / del jugador gobierna su destino, / no saben que un rigor adamantino / sujeta su albedrío y su jornada.”

Dark es un entramado de signos y alusiones: la triqueta celta que alude a sus tres temporalidades, la cueva como espacio de tránsito, revelación y conocimiento, el bosque como encuentro —“caminos de bosque”, diría Heidegger— y hasta el mito de Ariadna y el Minotauro.

Trama conjetural al fin: su valor mayor reside en la mayéutica que su narrativa despliega: ¿Qué es el hombre? ¿De dónde viene? ¿Qué lo impulsa? ¿Somos libres en lo que hacemos o todo se repite en un ciclo recurrente?... Sentencia Claudia Tiedemann, heroína final: “Deambulamos en la oscuridad… Hay cosas allá afuera que nuestras mentes pequeñas no van a comprender”, citando indiscutiblemente un concepto proveniente de Kant: quien postuló que a diferencia del “fenómeno”, que puede ser cognoscible sensiblemente, el nóumeno constituye una sustancia inalcanzable para el entendimiento y la percepción humana: incognoscible.

La dialéctica de Hegel trasladada a la de derivación sus personajes y el eterno retorno nietzscheano, o la multicitada frase atribuida a Newton “Lo que sabemos es una gota de agua. Lo que ignoramos es un oceáno”, derivada a su vez de la famosa asunción de la propia ignorancia, original de Sócrates.

Y no son solamente las citas míticas o postulados filosóficos los que atraviesan, articulan y justifican la trama de esta teleserie, sino que su urdimbre se sirve de innumerables fuentes literarias.

La producción alemana no sería la única ni la primera en retomar los postulados del popular filósofo del martillo; ya años antes, en la celebrada primera temporada del oscuro serial policiaco True detective, un alucinado Rust Cohle resumía su enfrentamiento contra el mal con descreimiento y azoro ante los agentes de asuntos internos: “El tiempo es un círculo plano. Todo lo que hayamos hecho o vayamos a hacer, se repetirá una y otra vez”.

En el parágrafo 341 de La gaya ciencia, Nietzsche nos pregunta “¿Cómo te sentirías si un día o una noche un demonio se deslizara furtivamente en la más solitaria de tus soledades y te dijera: Esta vida, tal como la estás viviendo ahora y tal como la has vivido (hasta este momento), deberás vivirla otra vez y aún innumerables veces. Y no habrá en ella nunca nada nuevo, sino que cada dolor y cada placer, cada pensamiento y cada suspiro y todo lo indeciblemente pequeño y grande de tu vida deberá volver a ti, y todo en el mismo orden y la misma secuencia –e incluso también esta araña y esta luz de la luna entre los árboles, e incluso también este instante y yo mismo. El eterno reloj de arena de la existencia se invertirá siempre de nuevo y tú con él, pequeña partícula de polvo? ¿Acaso te lanzarías al suelo rechinando los dientes y maldecirías al demonio que te hablara de esa forma? ¿O has vivido alguna vez un instante extraordinario, en el que hubieras podido responderle: ¡Eres un dios y nunca he oído algo más divino!?

”Cuando un pensamiento así se apoderase de ti, te metamorfosearía, tal como eres, o tal vez te trituraría; ¡la pregunta sobre cualquier cosa ¿quieres esto otra vez y aún innumerables veces? se impondría sobre tu actuar como el peso más pesado! O, (podríamos preguntarnos), ¿qué tan bien dispuesto debes estar hacia ti mismo y hacia la vida para no desear ninguna otra cosa que no sea esta última, eterna confirmación, este sello?”

Esencial conjetura de donde se desprende el tan famoso como tergiversado concepto de el eterno retorno, que más que referirse a una dimensión circular en el discurrir del tiempo, nos plantea una pregunta ética: ¿Cómo hacer para vivir una vida digna de ser vivida, sin arrepentimientos ni fisuras, en el caso de que en ésta fuera factible la posibilidad de repetirse por toda la eternidad? ¿Una existencia que aún en su infinita repetición fuera sólida, consistente, verdadera? Porque ya lo ha dicho el relojero en algún capítulo: “Pasado, presente y futuro son una ilusión. El ayer, el hoy y el mañana están conectados en un círculo sin principio ni final”. Más allá de ese circular retorno y esa aparente repetición, otras tesis de este autor se filtran a lo largo de la trama, como por ejemplo, las evidentes ideas citadas de su libro El nacimiento de la tragedia, donde de forma más implícita, los guionistas de Dark aluden en contraposición los espíritus de lo apolíneo y lo dionisíaco, que pugnan por su dominio sobre el mundo —el orden y el caos, Adán y Eva, el pasado y el futuro, el albedrío o la resignación— proponiendo a su vez una cierta visión dualista del universo.

Rebeldía o resignación

La dicotomía entre la sumisión o la revuelta se ve presente en todo momento como un oscilar tras las decisiones de los personajes: sujetarse a la fija escritura de la historia o intentar el boceto de una temporalidad nueva; fruto de la libertad humana. Los personajes de Dark se subdividen de muchas formas, entre ellas: la de los rebeldes y los resignados, muy a la manera de la crítica a la moral cristiana enunciada por el autor de Zaratustra —una moral de esclavos— donde rige la mansedumbre, la debilidad, el sometimiento y la resignación. Así, de estos viajantes desamparados en el devenir del tiempo, el caminante furibundo pudo haber dicho también, antes de caer desquiciado: que están “enfermos de historia”. Por otra parte, la dialéctica hegeliana también se hace presente en la múltiple postulación de la tesis, su antítesis y su síntesis —Jonas-Adam, Eva-Marta-El hombre sin nombre— o las dos fechas iniciales —1953, 1986— que provocan una crisis, deriva y resumen de estas dos, 33 años después. Una coincidencia más: el autor de la “Fenomenología del espíritu” propuso el concepto de racionalidad histórica; un proceso que está por encima y más allá de nuestro entendimiento y nuestros sentidos, donde debajo del aparente caos todo sucede por una razón, todo está relacionado, y los sucesos no son más que el lógico devenir de un curso histórico. Finalmente, otra glosa literaria, en una de sus frases más citadas. 2020: “Una persona vive tres vidas. La primera termina con la pérdida de la seguridad, la segunda con la pérdida de la inocencia y la tercera cuando perdemos la vida misma. Es inevitable que pasemos por las tres.” Me vienen de pronto dos alusiones. La primera. Borges —siempre Borges: “Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es.” Y la más demoledora aún, de la inmensa Marguerite Yourcenar, en sus Memorias de Adriano: “Hay tres líneas en la biografía de todo ser humano. Son tres líneas sinuosas, perdidas al infinito, constantemente próximas y divergentes: …lo que un hombre ha creído ser, lo que ha querido ser, y lo que en realidad fue”.

Alejandro Pérez Cervantes
· Es profesor universitario, periodista cultural y escritor. 
 Doctor en Arte y Teoría Crítica y Maestro en diseño editorial por la Universidad de Monterrey.
· Colabora en medios como Vanguardia, Pez Banana, Luna Córnea, Sin embargo y Relatos e historias.
· Premio Nacional de Cuento Julio Torri 2007 con Murania, es autor del libro de textos periodísticos El muro y la grieta y el libro de ensayos sobre fotografía Los estatutos de la mirada.
· Profesor Investigador en Escuela de Artes Plásticas Rubén Herrera de la Universidad Autónoma de Coahuila, es coordinador de su Licenciatura en diseño gráfico.
· Ha sido curador de diversos proyectos sobre fotografía documental.
· Su novela Lengua de plata fue finalista del Premio Internacional de Novela Lipp en el año 2017.
· En 2019 obtuvo el Premio Nacional de Cuento Magdalena Mondragón. alejandroperezcervantes@hotmail.com
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