‘Extraño ir a ver una película al cine’: Patricia Carrillo


POR DANIEL CANALES. Ella retrata a personajes coahuilenses: desde los negros mascogos hasta una pandilla de Saltillo. La cineasta habló en exclusiva con El Harto Arte para contarnos de su trayectoria, sus proyectos y qué piensa de Netflix.



Dentro del momento de contingencia que aún vivimos, el trabajo creativo en la industria audiovisual no tiene descanso. La directora saltillense Patricia Carrillo hizo una pausa a su proyecto Escrito en la piel, que este año obtuvo el apoyo nacional de IMCINE, para darnos una entrevista a El Harto Arte: su trayectoria, su obra documental, incluso Netflix, son algunos temas; así como los cambios que el séptimo arte ha tenido en la era online.


Carrillo es una cineasta originaria de Saltillo, que inició su carrera en la Escuela Internacional de Cine y TV, en San Antonio de Los Baños, Cuba. Se ha desempeñado en la realización de documentales dentro y fuera del país, así como diferentes trabajos en la industria audiovisual.

Platíquenos sobre su formación y sus primeros años de trayectoria.

Estudié cine en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños en Cuba, que es una escuela fundada por el escritor Gabriel García Márquez junto con otros importantes directores latinoamericanos. Antes de irme a estudiar cine ya dirigía aquí en Saltillo; trabajé colaborando con el maestro Javier Villarreal [historiador]. Hacíamos un programa de corte documental que pasaba todos los domingos. Había hecho cosas en 8 mm y Super-8 mm; que eran entonces pequeños formatos. Siempre he tenido mucho interés en difundir la cultura cinematográfica. Alejandro Pelayo Rangel, quien es actualmente director de la Cineteca Nacional, a través de la SEP nos hacía el favor de enviarnos películas en 16 mm que yo proyectaba en diferentes partes de la ciudad.

Saltillo no era una opción, no estaba [desarrollada] y aún sigue sin desarrollarse la cinematografía aquí.

¿Cuáles fueron los motivos que la llevaron a estudiar a esta escuela?

Estudié Ciencias de la Comunicación, que llevaba algunas materias de cine, porque en el momento no podía estudiar en otro lugar. Las únicas escuelas de cine en el país estaban en la ciudad de México, eran de tiempo completo y yo tenía que trabajar para mantener mis estudios. Posteriormente, obtuve una beca completa para estudiar cine en Cuba. Ya graduada, estuve unos meses en Argentina colaborando con algunos compañeros de la escuela. Cuando volví, Saltillo no era una opción, no estaba y aún sigue sin desarrollarse la cinematografía aquí. Me quedé en la Ciudad de México, ahí trabajé en diversas áreas: desde producción, gerencia de locaciones, asistente de dirección, en publicidad y dirigí alrededor de unos 25 documentales para la televisión cultural del país, tanto para Canal 22, como para Canal 11.


Sobre la línea de los documentales, destaca uno en especial, realizado en la ciudad de Múzquiz, Coahuila: “Gertrudis Blues”. ¿Fue un proyecto para la televisión cultural?

Ese fue un proyecto muy específico, ya es viejito, pero sigue dándome muchas satisfacciones. Conocía la comunidad de los mascogos hacía mucho tiempo, también a la kikapoo y tenía la inquietud de hacer un largometraje documental, aunque por recursos no fue posible. El IMCINE, que es el máximo organismo de cine del país, lanzó su primera convocatoria para cortometraje. Decidí escribir un proyecto para el concurso, lo presenté y obtuve uno de los apoyos para poder realizar el documental. Lo filmé completamente en Múzquiz, con la tribu de los negros mascogos; particularmente con doña Gertrudis Vázquez, que era una mujer extraordinaria, una especie de matriarca natural de los mascogos. Tenía una gran sabiduría, una gran entereza, un gran orgullo por sus raíces afrodescendientes. Al documental le fue muy bien a nivel internacional, tuvo premios nacionales e internacionales. Se ha mostrado en más de 150 festivales y muestras de cine alrededor del mundo.

Se están haciendo muchas cosas a propósito de la pandemia, con los celulares, yo creo que siempre es valioso y es muy rico que exista; aunque sigo creyendo que la creación cinematográfica, cualquiera que sea el formato, merece un cierto respeto.


La tecnología ha despuntado a niveles muy rápidos; usted, siendo alguien que comenzó trabajando en los medios tradicionales, ¿qué diferencias observa?

No hay como filmar en cine [en cámara tradicional]; la mística que se adquiere al trabajar con una cámara de cine de 35 mm, de 16 mm. Trabajar la edición en una moviola, que es una mesa de montaje y edición, no tiene igual.


Siento que estoy hecha a la antigua en ese sentido. Así me formé, yo lo valoro mucho. Actualmente, se ha democratizado la producción cinematográfica; no tanto la creación, yo tengo y creo que seguiré teniendo mis dudas, porque creo que se están haciendo muchas cosas, pero obviamente no todas van a trascender. Se están haciendo muchas cosas a propósito de la pandemia, con los celulares, yo creo que siempre es valioso y es muy rico que exista; aunque sigo creyendo que la creación cinematográfica, cualquiera que sea el formato, merece un cierto respeto. Para mí es algo casi religioso el realizar una película.




¿Se han agilizado los tiempos de producción audiovisual?

Es relativo. Ahora los directores están volviendo a filmar en película, muchos amigos y colegas lo hacen. Creo en el concepto que manejan cineastas de la vieja guardia; al llamado cine digital todavía le falta mucho para llegar a la definición y textura que tiene la película, pero cada vez está más cerca.


No importa con qué filmes, siempre y cuando hagas algo en lo que realmente crees, que está bien hecho, que piensas y planeas. Yo, por ejemplo, no he tenido una filmografía muy amplia, no me he sentido cómoda filmando por filmar, me cuesta su tiempo. Siento que los proyectos cinematográficos se van alimentando de muchas cosas esenciales, que pueden hacer que una película trascienda; y no hablo de la trascendencia en el sentido del éxito, que es algo muy distinto. Hablo de la importancia de contar una historia. Siempre digo que sin personajes no hay historia, entonces, ¿quién es mi personaje?, ¿qué va a decir?, ¿por qué su historia es importante para mí?, ¿por qué es importante contar la historia de esa persona que para mi película se vuelve un personaje? Creo en el cine en ese sentido.

Plataformas de streaming como Netflix están inundando la industria. ¿Cuál es su postura sobre esta nueva ola de contenidos que surgen directamente en las plataformas digitales, sin pasar por la pantalla de cine?

Sería absurdo oponernos a ello; pero los festivales de cine más prestigiados del mundo como el festival de Cannes, el de Venecia -que llamamos “triple A”-, no están permitiendo que se estrenen primero en las plataformas. Seguimos creyendo, yo sigo creyendo, en la magia que implica ver una película en una sala de cine. Quedan en el mundo poquísimas salas que proyectan rollos, la mayoría de las cadenas comerciales establecidas proyectan en un formato digital llamado DCP.


[...] hay contenido para todos, yo misma tengo Netflix, y consumo contenido, pero no es lo mismo.


Creo que no nos podemos oponer, hay contenido para todos, yo misma tengo Netflix, y consumo contenido, pero no es lo mismo. Ahora más que nunca extraño ir a ver una película al cine; la sala oscura, la pantalla grande, el cine de verdad se hace para esos espacios, no para estar en la cama. Las películas hechas con esta dimensión, en todo su esplendor, son para verse en las salas.


¿Qué parte dentro del quehacer audiovisual es la que más le entusiasma realizar?

La belleza de filmar; siento un gran amor con el cine, cada paso es importante para llegar a la realización de la película. Cuando es la etapa de investigación, la disfruto. Mi coproductora para [su nuevo proyecto] Escrito en la piel, Érika Mercado y yo estamos armando carpetas y mandando a diferentes convocatorias para desarrollo que es la primera etapa “formal”; después sigue conseguir el financiamiento para filmar. Esa parte se vuelve un poco tediosa, pero igual uno la disfruta muchísimo. Yo no creo en lo que llamo “filmar sobre las rodillas”: una película que se quiere hacer bien, lleva su tiempo.


Al final, la razón de hacer una película, es para que el público la vea. Antes la televisión o las plataformas de streaming eran el último eslabón de la vida de proyección de una película. Ahora volvió completamente al revés, aunque hay excepciones. Roma, por ejemplo, si quería estar nominada en festivales, tuvo que proyectarse en salas de cine. Netflix sabe cuáles películas le interesa que se presenten en festivales. A mí me parece muy bien la postura de los festivales más importantes de hacer que se estrenen en salas para poder concursar por alguno de los premios. A lo mejor un día nos van a llevar [entre risas], pero creo que no dejaremos de tratar de hacer películas.

Sobre su proyecto “Escrito en la piel”, el 9 de junio el periódico Vanguardia publicó la noticia de que está en desarrollo e incluso va a recibir un apoyo. ¿Cómo va este proyecto?

Aún no se está produciendo, pues estamos en la etapa de desarrollo de proyecto. El estímulo que ganamos [de IMCINE], que no es todo el presupuesto que necesitamos, es para esta etapa, que contempla finalizar la investigación, realizar un teaser. Tiene que estar muy bien producido. Además, con ese estímulo, hacemos la carpeta de proyecto que abarca aspectos como el logline; la sinopsis, que es contar la historia en una página. Todas las convocatorias de concursos tienen sus reglas, son cosas muy específicas para las que hay que trabajar. Hay que hacer el presupuesto, que es bastante trabajo; lo realizamos tanto Érika Mercado Sánchez y yo.


Una vez todo terminado, se empiezan a buscar los espacios que dan oportunidad de presentar proyectos; comienza la búsqueda de financiación para filmar la película y posteriormente, realizar los procesos de posproducción, promoción y exhibición. Basados en la calidad que uno ve en su propio trabajo se pregunta: ¿dónde estrenamos?, ¿en qué festival?, ¿para cuál festival nuestra película cuenta con el perfil adecuado?


Se tiene que ser lo suficientemente objetivo y conocer los festivales, porque todos quisieran llegar a Cannes o al Oscar, hay que aspirar a ellos, pero con los pies puestos sobre la tierra.

¿Qué aspiraciones y motivaciones tiene con el proyecto?

Que hayamos recibido un estímulo para el desarrollo, es un gran aliciente; eso significa que está empezando a transitar un buen camino. Nos alienta y motiva mucho, y a los chicos que son mis cinco personajes [de los barrios de Saltillo]; están emocionadísimos, porque llevamos más de un año trabajando juntos. El cine es un arte colectivo, a mí me encanta; los cineastas somos súper gregarios. Es una de las grandes bellezas de hacer cine, uno depende del otro; entra el talento del director de fotografía para la parte visual; el talento de la productora creativa, que somos Érika y yo; el sonidista y el diseñador sonoro, el sonido nos sirve para narrar.


En documental lo tenemos más sencillo porque no tenemos que trabajar con muchas variables y complicaciones que trabaja la ficción; a veces levantar un proyecto de documental requiere más tiempo, resulta un poco más complejo, pero a mí me apasiona.

Patricia Carrillo Carrera, Cineasta
Estudió la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la UAdeC.
Cursó sus estudios de dirección cinematográfica en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, Cuba.
 
Gertudis Blues (2002) 
Documental breve ganador del premio India Catalina.
Nominado al Ariel.
Formó parte de la selección oficial del Festival Internacional de Cine de Guadalajara.
Obtuvo mención especial del jurado en el premio José Rovirosa.
Obtuvo mención especial del jurado en el Festival Internacional de Cine de Huesca.
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