¿El hamparte existe?

Updated: Jun 23

POR: IVANNA MONSERRAT MORA HERNÁNDEZ. En una era moderna como la nuestra la definición del arte se distorsiona de tantas maneras que se nos hace complicado ver una forma de expresión genuina.

Siempre nos hemos cuestionado la idea de: ¿qué es el arte? Y ante esta época contemporánea de manera ambigua y confusa al ver alguna pieza nueva nos decimos a nosotros mismos: ¿en serio esto lo es?


Para empezar, definamos qué es hamparte, la palabra está formada por los términos hampa y arte. Del segundo ya podemos tener una idea y del primero es un "conjunto de maleantes, especialmente organizados en bandas y con normas de conducta particulares", nos indica el Diccionario de la Real Academia Española. Antonio García Villarán, artista y crítico de arte, llama hamparte a las obras de arte que en realidad no lo son, aunque se vendan como si lo fuesen excusándose de los grandiosos artistas que son.


La crítica hacia el arte contemporáneo y predominantemente al conceptual, suele regirse bajo parámetros similares. En ocasiones su simpleza, así como su aparente falta de técnica, además de la necesidad de un discurso teórico que sustente a las obras o las justifique, son los motivos principales por los que estas corrientes estéticas suelen ser criticadas y hasta rechazadas. Pero se enfocará más en la poca falta de ingenio, el hecho de que se hagan cosas tan sencillas y muy poco originales que hasta tú mismo puedes recrear en casa acompañado de charlatanería que declara por qué dicha pieza es una obra de arte y nunca dejara de serlo en el proceso, por saber vender y la causa de porque se hace tan bien es por la popularidad que produce el creador.





La exposición de un simple objeto lo convierte en arte por el mero hecho de estar en un espacio expositivo de renombre y se justifica esto con ideas filosóficas para darle un propósito.

En las últimas décadas el mercado artístico se ha vuelto el blanco ideal para el lavado de dinero subiendo los precios para hacerlos más “exclusivos” entre los compradores; suponiendo que una pieza artística tiene que tener como función una finalidad estética y también comunicativa expresando ideas igual que emociones, en vez de eso lo que nos ofrece no es nada más que una explicación vaga del porque debe ser exhibida en un espacio donde comúnmente se comparten objetos del mismo estilo.


Ejemplos como estos hay muchos, como el artista Italiano Maurizio Cattelan que pegó con cinta adhesiva una banana en la galería de la feria del arte Art Basel en Miami, vendida a un coleccionista francés por 120,000 dólares. Y esta no es una crítica al mercado del arte como en el pasado lo han hecho Manzoni con Mierda de artista probando que es mejor que la corriente por el simple hecho de poner una firma de un artista con renombre produce incrementos irracionales en la cotización de una obra o Duchamp, que muestra la ironía, la crítica a las convenciones haciéndonos reflexionar sobre el concepto, no el objeto y valorar a la obra en sí, no al autor.

Estoy convencida de que el hamparte existe. Rechazo la idea de que en cualquier lugar regular, como lo es un baño, una tienda, cocina, etcétera. Es un objeto común, una mercancía pero puesta en un museo se transforma porque el arte debe ser único y hecho de manera virtuosa para estar en esa clase de ambiente; y es que el hamparte es el arte de no tener

talento.

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