• El Harto Arte

Alejandro Cerecero: un “todista” del arte

POR CAMILA ARAGÓN. El catedrático de la Escuela de Artes Plásticas "Profesor Rubén Herrera", artista plástico siempre constante, nos cuenta sus anécdotas de vida; cómo fue nacer en una familia de artistas y que se guarda sus obras favoritas para él mismo


Arquitecto, pintor, escultor, diseñador, dramaturgo y artista saltillense, Alejandro Cerecero es un “todista” que tiene mucho arte para ofrecer a las personas, aun en el largo camino artístico que ha recorrido.


Nacido en la cuna de una familia sumergida en el ámbito artístico, por herencia de su padre, el renombrado artista plástico Eloy Cerecero, quien se granjeó su lugar en la historia del arte como miembro del Frente Nacional de Artes Plásticas de México -en el cual estuvieron David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera, entre otros-, y su madre Yolanda Alvarado, Cerecero platica a El Harto Arte sobre su pasión por el arte, de la diversidad de ramas artísticas que con esfuerzo y dedicación ha desarrollado y su experiencia como docente ante las nuevas generaciones de artistas en la Escuela de Artes Plásticas “Profesor Rubén Herrera”.



¿Cómo y cuándo comenzó su inclinación hacia el arte?

Mi padre es pintor; entonces, no quedaba otra cosa más que aprender lo relacionado al arte. Desde chico lo que vi en la casa eran pinturas y pinceles; después, a los tres años, me comí un frasquito de pintura acrílica Politec amarillo, yo creo que por ahí nació ese vicio del arte [nota del editor: no hagan esto en casa].


En su familia el arte estuvo siempre: desde su padre Eloy Cerecero; sus hermanos Adriana, Gabriel y usted siguieron la tradición familiar. ¿Qué le dejó vivir en esta familia de artistas?

En mi casa veía que abundaban los libros, la música clásica; mi padre fumaba pipa y pintaba mientras escuchaba música. Mi padre era el valioso realmente, pues en realidad nadie en su familia pintaba. A nosotros nos tocó ya la mesa servida: libros, materiales y caballetes y por eso tuvo mucha influencia nuestro padre. También mi madre, que, aunque ella no pinta como tal, como se dice, detrás de cada gran hombre hay una gran mujer. Siempre estaba la influencia artística por todos lados.


¿Cuál es su principal motivación como artista?

Es como un vicio, pues se me inculcó desde muy pequeño; eso de estar creando y estar dibujando siempre lo he hecho; incluso pocas veces pensando en si lo voy a vender o no; o si le va a gustar a la gente o no. Siempre ha sido eso, el trabajar por el gusto propio.


Todo lo que hago va a vivir más que yo.

Mucha gente me dice: “¡Ay! ¿por qué no pintas paisajes?” o “¿por qué no pintas eso?”, “deberías pintar esto”. ¡No me sale! Lo que me sale es hacer lo que hago y siempre ha sido muy cambiante; cada año hago cosas diferentes.

¿Qué significan para usted sus pinturas y murales?

Encuentra uno un resultado y se emociona, ¿verdad? Uno se emociona. Soy un coleccionista obsesivo. Cada día me levanto y digo: “¿qué voy a hacer con todo esto?[2] ”. Tengo una manía de acopio de cosas.


¿Hay algo que haya tenido que sacrificar por su trabajo?

Pues sí como no, ¡mi dinero! Cada que tengo dinero me lo gasto en materiales. Si tengo 100 pesos, voy y me compro óleo; si tengo 1,000, voy y me compro otra cosa. Es lo que he sacrificado; pero de ninguna manera ha hecho falta, afortunadamente. Nunca me he quedado sin comer y mis hijos ya terminaron sus carreras.


¿Qué experiencias o aprendizajes le ha dejado ser maestro en la Escuela de Artes Plásticas?

Es muy interesante pues, fíjese, mi padre fue director de la Escuela de Artes Plásticas del 75 al 80; en esa época estaba estudiando arquitectura, pero en vez de ir a las clases me ponía a pintar y hacer obras de teatro; y mil cosas más, menos ir a clase. Realmente no sé cómo pasé la carrera.



A partir de un curso de nivelación, me dice el director: “oye, hay una clase de dibujo lineal y tú eres arquitecto”; me dieron dos materias y al año siguiente me dijeron: “oye, tú manejas acrílico, pues maneja el acrílico”; “oye, pero también haces murales en la calle, ¿no quieres enseñar arte urbano?”. Por eso doy clase de todo, ¡todos los años!



Actualmente, los artistas plásticos y visuales afrontamos una nueva modalidad virtual, debido a la pandemia y el hecho de tener que permanecer en nuestros hogares por más de un año. ¿Le ha resultado difícil adaptarse a las nuevas formas de desarrollar (y enseñar online) cuestiones artísticas?

Aprendí en poco tiempo, pues tuve la oportunidad de acercarme a las computadoras en 1990. Entonces me tocaron las primeras cosas. Pusieron a mi disposición el escáner, computadora, impresora a color, y desarrollé mucha habilidad. Cuando empezó la pandemia, eché mano de mucho material que ya estaba digitalizado. Sí tengo dificultad en bajar materiales o archivos, o en comunicarme, pero son cosas mínimas. Pero no me pescó tan en curva; nos han dado cursos por parte de la universidad.

El arte en nuestra época es para relacionar.

Con tantos años de experiencia a su lado, ¿hay algo que quiera decir o recomendar a las futuras generaciones que comienzan su camino en el ámbito artístico?

Que el arte es una actividad sumamente humana, nos hace entendernos más como seres humanos. He notado muchas sensaciones indescriptibles donde le mueves algo a la gente. El arte en la actualidad ya no es el mundo privado del artista donde estoy encerrado con mi creación. No, el arte de hoy es para relacionar, es para interactuar. El arte es para provocar a la gente, no para insultar; pero para provocar con ideas sutiles, mucho tiene que ver la sutilidad y la poesía; hay que ser poetas.



Por el momento, ¿tiene planes para desarrollar un proyecto nuevo? De no ser así, ¿qué tema o cuestión le gustaría abarcar próximamente?

Tengo un proyecto muy padre para este año, el cual es, como le dicen ustedes, el “remake” de una exposición que puse hace más de 30 años. Se llamó “Pasiones”. Estoy muy emocionado con esta adaptación, por el enfoque que tiene.

Si son preguntas, con los signos de interrogación.



Alejandro Cerecero
Nacido en México, D. F. en 1955; radica en Saltillo, Coahuila
Arquitecto por parte de la UAdeC y catedrático en la Escuela de Artes Plásticas "Profesor Rubén Herrera".
Ha expuesto desde 1964 en distintos recintos, como Centro Cultural Casa Purcell, Recinto del Patrimonio Cultural Universitario, Galería del ICOCULT (hoy Secretaría de Cultura de Coahuila), Teatro García Carrillo, e incluso en ciudades como Mallorca, España; Ciudad de México y San Luis Potosí.
Es común su participación en exposiciones dentro de la Taberna El Cerdo de Babel.
Su obra abarca distintos formatos, desde pintura, técnicas mixtas, hasta murales.


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